¿La abstención ayuda al PRI?

Pascal Beltrán del Río |
30-05-2017 08:36 AM

Existe la creencia de que el porcentaje de votos que obtiene el PRI depende de cuánta gente sale a votar. De acuerdo con esa tesis, mientras mayor participación haya en las urnas, peor le va al partido oficial. Y viceversa.

La idea parte de que el PRI es muy bueno para movilizar a sus votantes duros —es decir, acarrearlos a las urnas— y que la oposición depende, exclusivamente, del sufragio de los ciudadanos libres. Me extraña que con tantos ejemplos que contradicen dicha noción —muchos de ellos recientes—, los supuestos expertos la sigan propalando.

Hace poco más de dos años, con motivo de los comicios federales intermedios de 2015, me puse a revisar las estadísticas electorales para saber qué tan cierto era que el PRI se beneficiaba de la baja participación de los electores. (¿Quién gana con la abstención?Excélsior, 1/IV/2015).

Entonces escribí: “De acuerdo con las estadísticas electorales, no parece haber correlación a nivel nacional entre la participación de los electores y quién gana las votaciones. Y en los lugares donde una mayor participación incide en el resultado, el PRI no es el más perjudicado.

“Después de revisar cifras de las últimas cuatro elecciones de diputados por el principio de mayoría relativa, éstos son algunos de los datos que encontré:

“De los 10 distritos con menor participación en esos cuatro procesos electorales (2003, 2006, 2009 y 2012), el PRI ganó la mayor parte de ellos: 24 de 40. El PAN y el PRD ganaron ocho cada uno.

“Sin embargo, lo mismo sucede con los 10 distritos con mayor participación: el PRI se llevó 21 de los 40, mientras el PRD ganó once y el PAN, ocho”. Decidí echar mano de los resultados de la elección de diputados federales de hace dos años para saber si había habido algún cambio. Y, la verdad, encontré lo mismo. En los 10 distritos donde menos participaron los votantes —cinco en Baja California, tres en Chihuahua, uno en Chiapas y uno en Sinaloa—, los triunfos se repartieron: el PAN ganó cinco, el PRI cuatro y el PVEM uno.

Mientras tanto, en los 10 distritos con más baja abstención —cinco en el Estado de México, tres en Yucatán, uno en Jalisco y uno en Querétaro—, nueve los ganó el PRI y uno el PAN.

Hace dos años, también revisé una serie de distritos en los que hubo un aumento importante de la participación entre una elección y otra. Dicho fenómeno favoreció, principalmente, a la izquierda, pero el PRI se vio beneficiado a sí mismo.

Escribí entonces: “Si tomamos en cuenta los 21.47 puntos que subió la participación a nivel nacional entre 2003 y 2012, el PRI y su aliado el Partido Verde ganaron 282 mil votos por cada punto de reducción del abstencionismo. Mientras tanto, el PAN ganó 215 mil votos por cada punto porcentual de participación adicional y el conjunto de las fuerzas de izquierda, lideradas por el PRD, ganó 346 mil”. Agregué: “En conclusión, son muchas las variables que inclinan la balanza electoral a favor de un partido o de otro. La abstención puede ser una de ellas, pero la mayoría de los datos señala que ésta no beneficia tanto al PRI como se tiende a creer”.

Para esta entrega de la Bitácora, decidí fijarme en cómo le ha ido al PRI en las elecciones del Estado de México, de acuerdo con la participación (para ello opté por seguir utilizando la elección de diputados federales, a fin de no sesgar la comparación). Uno tiene que concluir lo mismo: la abstención no es un factor determinante de su desempeño.

En 2012, se dio la participación más alta en una elección para diputados federales desde 1997. Votó 65.77 de las personas empadronadas en la entidad. Y el PRI esa vez obtuvo su segundo porcentaje más alto en los siete procesos referidos: 42.06%. En cambio, en 2003, cuando sólo participó 36.11% de los electores en el estado, el PRI sacó 35.28% de los votos.

Le doy un dato más: en la elección federal de 1994 (diputados federales), votó a nivel nacional 75.85% de los inscritos para votar. En 2000, la participación fue de 63.23%. Entre una elección y otra, el PRI perdió 3.1 millones de votos.

Como se puede ver —pese a lo que dice el lugar común—, el abstencionismo no ayuda al PRI a ganar elecciones. La creencia puede estar muy enraizada en el imaginario colectivo y la pueden repetir cada elección los supuestos expertos, pero los datos electorales simplemente no la sustentan.

 

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