¡AL DIABLO EL CONGRESO…!

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Para nadie es nuevo que en tanto líder social, líder político de oposición y jefe de un partido –como el PRD y Morena–, Andrés Manuel López Obrador siempre detestó los equilibrios de poderes.

Es decir, el opositor López Obrador se dio el lujo, incluso, de mandar al diablo las instituciones, especialmente al Congreso.

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Sin embargo, hoy López Obrador es el Presidente de los mexicanos y si bien siempre ha detestado al poder equilibrador que significa el Congreso, hoy debe respeto a los poderes Legislativo y Judicial, porque así se lo ordena la Constitución.

Por tanto, no hay lugar para la “chabacana” expresión de muchos fanáticos de nuevo gobierno que justifican con argumentos facilones el desdén al Congreso. No pocos responden con el sambenito de que “si ya saben que a Andrés no le gusta el Congreso, para que insisten”.

Y es que en un sistema presidencialista, como el mexicano, no es un acto de contentillo, tampoco de gusto y menos de ocurrencias, el ejercicio del gobierno, del poder y la responsabilidad de conducir el Ejecutivo.

Por tanto, se debe exigir de inmediato, que el Ejecutivo ordene a los responsables de la crisis de combustible, que acudan al Congreso a responder lo que quieren saber los ciudadanos, a través de la Cámara de Diputados.

Todo ello, más allá de que entre la clase política se conoce al nuevo gobierno como “La Florería”.

¿Por qué La Florería…?

Porque tanto secretarios de Estado, como integrantes del gabinete ampliado y hasta líderes de Morena en el Congreso “son figuras decorativas”.

¿Qué quiere decir que son figuras decorativas?

Que nadie toma decisiones por sí mismo; ni en Pemex ni en Energía, ni el ninguna secretaría y menos en el Congreso. En el gobierno todo lo debe conocer el Presidente –y todo es todo–, y no se mueve una hoja del árbol gubernamental, sin el aval presidencial.

Y esa subordinación al Presidente es aún más aplastante si hablamos de los líderes en el Congreso, del partido Morena.

Por eso, no es descabellado asegurar que en el caso de la comparecencia ante comisiones de diputados –de los responsables de energía en el nuevo gobierno–, la mano del Presidente intervenino para mandar al diablo el Congreso.

Es decir, que el presidente instruyó a las figuras decorativas llamadas Rocío Nahle y Octavio Romero a que no acudieran al Congreso, a pesar de que legisladores de las comisiones respectivas los convocaron en carácter de urgente, ante la crisis de desabasto de combustible.

Y, le corresponde a los diputados esa convocatoria, porque la Cámara de Diputados es “la casa del pueblo”; porque los diputados no son empleados del Presidente sino que tienen encomendado el mandato popular.

Y el desabasto de gasolina es una crisis que, sobre todo, afecta a los ciudadanos. Por eso el doble agravio de Morena, de sus diputados y de los empleados del Presidente –Rocío Nahle y Octavio Romero–, a los ciudadanos.  

¿Imaginan la paliza si los gobiernos de Fox, Calderón o Peña hubiesen ordenado ese desdén al Congreso?

Lo curioso es que hoy, casi todos los políticos y los medios callan cuando la violación constitucional la comete el gobierno del Presidente Obrador. Total, si todos los días violenta la Constitución; ¿qué tanto es tantito?

Al tiempo.