Cambios…

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NETEANDO CON FERNANDA:

Ch-ch-ch-ch-changes

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Turn and face the strange

Ch-ch-changes

–David Bowie

 

Solemos temer al cambio. Lo vemos con recelo y algo de desconfianza. Paradójicamente de las muy pocas cosas que son seguras como que algún día vamos a morir, es que todo está cambiando. El día se convierte en noche y ésta nuevamente en día. Nuestro cuerpo está cambiando constantemente. Incluso si te resistes o lo evitas, entrará en tu vida de la misma manera.

Ajustarnos a los cambios puede ser difícil, pero siempre nos ayudan a crecer, aprender y a ser más flexibles. Esa flexibilidad o adaptabilidad nos ayudará a doblarnos y no rompernos ante las adversidades. Un año nuevo encierra incógnitas y esperanzas. Iniciamos con renovado entusiasmo y buenos deseos para todos.

Cuando hablamos de cambio hay que entender que no todos los cambios son para mejorar. Si decidimos dejar de comer comida saludable y la sustituimos por comida chatarra, difícilmente nuestro cuerpo dirá que es un buen cambio y una sabia decisión. Por ello, cuando decidimos cambiar algo en nuestra vida, debemos valorar de qué se trata el cambio y cuáles serán sus consecuencias.

Muchas veces nos sentimos mal. No logramos sentir admiración y amor por nosotros mismos. Grave. Entonces hay que revisar ¿porque me siento así? Generalmente lo que nos hace sentir mal son nuestras propias creencias. ¿Qué hacer? Dejar a un lado esas creencias que limitantes que nos dañan. Los cambios, generalmente, no tienen efectos instantáneos. Se tiene que dejar pasar un poco de tiempo para valorarlos. Si después de un tiempo no nos sentimos mejor, es momento de calibrar la brújula y cambiar de rumbo nuevamente. Adaptarnos a los cambios que la vida nos presenta es una virtud; aferrarnos a una decisión equivocada no es cambio, es necedad.

Nuestro país está viviendo un momento de cambios. Tenemos un presidente recién estrenado que nos promete una transformación. El gobierno también tiene que valorar si las decisiones que está tomando nos llevan a una mejor situación o si por el contrario la agravan y es necesario cambiar de opinión.

Hay unas frases sobre el valor de cambiar de opinión que algunos atribuyen a Winston Churchill y otros al economista John Maynard Keynes. Más allá del autor, creo que ilustran a la perfección lo importante de calibrar la brújula y tener el valor de cambiar.

“Cuando los eventos cambian, cambio de opinión. ¿Usted qué hace?

Cuando los hechos cambian, cambio de opinión. ¿Usted qué hace?

Cuando la información cambia, altero mis conclusiones. ¿Usted qué hace?

Cuando alguien me persuade de que estoy equivocado, cambio de opinión. ¿Usted qué hace?”

“Aquellos que no cambian de parecer nunca cambian nada” decía Churchill. Creo que nuestro actual gobierno podría cambiar de parecer en varios temas. Algunos ejemplos: Se podría empezar el tono en que habla con la prensa y dejar de llamarla “fifí” como un signo de respeto a la libertad de expresión. Lo mismo con el poder judicial. Existe una división de poderes y ésta debe respetarse. Los servidores públicos deberían abstenerse de proferir insultos y descalificaciones en sus cuentas de Twitter y demás redes sociales; y lo más importante: la decisión del cancelar el aeropuerto de Texcoco, es definitivamente un error y debe revisarse.

Todos queremos cambiar en lo personal para sentirnos mejor, ser más felices y lo mismo queremos para el país. Queremos desarrollo, paz y seguridad. Para lograr un cambio, en ambos casos se requiere valor para aceptar los errores, pero esa, señores, es la madera de un gran líder.

Buen domingo a todos.

Me gustaría oír tu opinión.

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