¿De cuál fumó Peña Nieto?

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Contra lo que muchos esperaban, en su intervención ante la ONU –en el foro Problema Mundial de las Drogas–, Enrique Peña Nieto se pronunció a favor del uso medicinal de la marihuana; adelantó que habrá cambios de fondo en la política antidrogas en México y reconoció –lo que es histórico–, que la guerra contra el narcotráfico no ha inhibido producción, tráfico y consumo de drogas.

En pocas palabras, el presidente acudió a la ONU para adelantar algunas conclusiones de los foros sobre la regulación de la marihuana realizados en México y que –para efectos prácticos–, significan que el gobierno de Peña hará suyas banderas y propuestas –casi todas–, de los grupos que en nuestro país pugnan por la legalización de la mariguana.

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Y fue tal el golpe de timón del gobierno que –mezquindad políticas aparte–, dejó sin argumentos a buena parte de la clase política y de promotores de regular el consumo y venta de marihuana en México. Y es que –en términos generales–, esos promotores exigen en el uso medicinal de marihuana, acabar con la prohibición y criminalización del consumo y regular el mercado. Prácticamente lo mismo que propuso Peña Nieto en la ONU.

¿Quién –con honestidad–, imaginó que Peña Nieto presentaría en la ONU un cambio radical de paradigma, como el que anunció la mañana de ayer? Lo cierto es que pocos lo imaginaron. Y acaso por eso, al consultar a distintos especialistas, no faltaron los que en tono cáustico cuestionaron: “¿De cuál fumó el presidente Peña Nieto?”. No lo creían.

¿Pero qué fue lo que propuso el presidente en la ONU, que él mismo explicará en México y con detalle en las próximas horas?

Como ya se dijo, Peña anunció que su gobierno está a favor del uso medicinal de la marihuana. Para ello propuso asegurar la disponibilidad y un mejor acceso de las sustancias controladas para fines médicos y científicos; evitando al mismo tiempo su desviación, uso indebido y tráfico. Se refería especialmente a la marihuana.

Dijo que la política antidrogas en México tendrá cambios de fondo, como atender el consumo de drogas a partir de un problema de salud pública y atacarlo a partir de la interpretación de los derechos humanos, lo que lleva a distintas alternativas de despenalización de la posesión, al privilegiar penas proporcionales y alternativas distintas al encarcelamiento.

No se propone dejar de combatir a los criminales, pero el cambio de paradigma apunta a no criminalizar el consumo. Por eso, el presidente propuso elevar la cantidad de sustancias que pueda portar el consumidor y, al mismo tiempo, prevenir el consumo mediante una campaña de información orientada a niños y jóvenes, antes que las campañas tradicionales de persecución de drogas.

Lo cierto es que resulta histórico que un presidente reconozca –en la ONU–, que la guerra contra el narcotráfico resultó un fracaso –en México y el mundo–, sobre todo porque el costo escandaloso en vidas, mientras que por el otro lado ofende el inmoral enriquecimiento de unas cuantas bandas criminales.

Y sin duda es un acierto del gobierno federal que entienda que el de la legalización de las drogas es un debate sin regreso. Pero el acierto es doble si entendemos que el gobierno cambió su postura luego de escuchar el reclamo de la sociedad civil. Es decir, el cambio en el discurso y las acciones de Peña Nieto, tienen su origen en el empuje de la sociedad civil.

Sólo falta saber si Peña Nieto será capaz de empujar el discurso hasta convertirlo en hechos. Y es que suele ocurrir que “del plato a la boca…”

Al tiempo.

Tomado de Milenio