DE LA CASA BLANCA AL NAIM

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Con un olfato más político que empresarial, el líder de la Coparmex, Gustavo de Hoyos, dijo que si al gobierno de Enrique Peña Nieto lo marcó la Casa Blanca, al de López Obrador lo marcará el Nuevo Aeropuerto. 

Y, en efecto, Peña Nieto empezó a perder el bono democrático que lo hizo presidente y la aceptación que le dio el Pacto por México, a partir de dos escándalos; la Casa Blanca y Los 43 de Ayotzinapa. 

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Sin embargo, en rigor ninguno de los dos casos puede ser acreditado al mandatario saliente. ¿Por qué? Porque La Casa Blanca fue una operación inmobiliaria legal –como lo mostró la posterior indagatoria–, y el crimen de Los 43 tuvo su origen en la complicidad del PRD, de Morena y de los gobiernos perredistas de Guerrero y de Iguala, respectivamente. 

En el fondo el escándalo por los dos casos que marcaron la gestión de Peña tiene su origen en un manejo equivocado en la política de comunicación  del gobierno federal. 

Contrario a lo anterior, el escándalo por la cancelación del Nuevo Aeropuerto tiene su origen en una venganza política contra la obra emblema del gobierno saliente. 

Y, para justificar esa venganza con un ropaje democrático, se inventó un grosero montaje que han cuestionado tirios y troyanos.   

¿Lo dudan? 

1.- Contrario a lo que aseguran el presidente electo y sus colaboradores, la “consulta ciudadana” por el Nuevo Aeropuerto no reúne ninguna de sus dos características básicas. ¿Por qué? Porque más que una consulta se convirtió en un acto de propaganda y más que ciudadano fue partidista. 

2.- Tampoco se trató de un ejercicio democrático, legal y estadísticamente representativo, para considerarlo vinculante. Y es que se basó en una metodología caprichosa, la distribución de casillas sin  rigor metodológico, ningún control  sobre las boletas, para evitar acarreo y, en suma, fue un verdadero fraude. 

3.- Está  claro que no se puede hablar de un ejercicio democrático en tanto que no participó ni el 1% del padrón electoral, si es que damos por buenas las cifras de votación. 

4.- Además de que el 0.8% de votantes de un padrón de 90 millones no es una muestra ni representativa ni democrática. Por eso se debe insistir que el ejercicio fue una farsa. 

En el fondo, la cancelación del Nuevo Aeropuerto significa mucho más que los miles de millones tirados a la basura, más que el costo por las demandas de las empresas afectadas y más que la perdida de la confianza para invertir en México. 

El golpe verdadero, –y probablemente el golpe mortal al gobierno de López Obrador–, es que pone en duda y suplanta las instituciones democráticas, con un remedo de consulta ciudadana. 

El verdadero peligro es el golpe de Estado a la democracia mexicana. 

Al tiempo.