El anhelado y distante 4 por ciento

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Ayer, durante el informe correspondiente a los primeros 100 días del gobierno de López Obrador, el presidente de la República reiteró su objetivo de crecer a una tasa anual promedio de 4 por ciento durante su administración.

Carlos Slim, a la salida del evento, ratificó que se puede crecer a esa tasa siempre y cuando la inversión pública y privadalleguen al 25 por ciento del PIB.

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¿Qué tan cercanos estamos de alcanzar ese nivel? ¿A cuánto tiene que crecer la inversión?

El último dato oficial para un año completo corresponde a 2017 y en ese año el nivel de inversión fue del 23.4 por ciento del PIB.

Sin embargo, en 2019 se puede estimar que haya bajado a 23 por ciento.

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Para llegar al 25 por ciento del PIB en un par de años, suponiendo una tasa de crecimiento del PIB de 1.6 por ciento en este año y 1.8 por ciento el próximo, la inversión debiera crecer a una tasa de 5.8 por ciento al año.

La mayor parte de los análisis nos van a dar una cifra cercana. No será posible acercarse a la meta del 4 por ciento de crecimiento sin una inversión que crezca a tasas de 5.5 a 7 por ciento al año.

Ya le he comentado en varias ocasiones que la inversión total se nos ha estancado. Entre el año 2000 y el cierre del año pasado, la inversión ha crecido a un ritmo ligeramente inferior al 2 por ciento promedio al año, de acuerdo con los datos de cuentas nacionales del Inegi.

El contraste entre la cifra registrada y la que tiene que darse refleja el tamaño del esfuerzo.

Pongamos algunos números adicionales.

El monto de la inversión a precios de 2018 anda en 5 billones 150 mil millones de pesos.

Un incremento de 6 por ciento en la inversión implica adicionarle 309 mil millones de pesos anuales. O, si lo quiere ver en dólares –para dimensionarlo– implica un crecimiento de alrededor de 15 mil millones de dólares anuales.

No es el monto total –subrayo– sino el monto en el que debe incrementarse.

Por ejemplo, si quisiéramos que toda la inversión adicional proviniera del extranjero, el monto tendría que pasar de una inversión neta de 24 mil 746 millones de dólares realizada el año pasado a 39 mil 746 millones de dólares este año.

Hay que subrayar, no es imposible que suceda, pero se requiere un completo ‘cambio de chip’, que hoy no se ve.

La conocida encuesta del Inegi y Banco de México, que pregunta mes con mes a los empresarios de las manufacturas respecto a si hay condiciones adecuadas para invertir, estuvo en el mes de febrero 3.4 por ciento por debajo de la cifra del mismo mes de hace un año y 19.5 por ciento por abajo del nivel de hace exactamente seis años.

No es imposible que los empresarios cambien rápidamente de opinión. Lo han hecho en diversas ocasiones en México.

Lo hicieron en diciembre de 1977, cuando arrancó el sexenio de López Portillo; lo hicieron cuando Salinas logró concretar la renegociación de la deuda externa en 1989 y cuando lanzó el programa de reformas; lo hicieron en 1996, luego del rescate del sistema bancario tras la crisis de un año antes.

Se requiere persuasión y un cambio radical del ambiente.

Hoy, existen empresarios que están convencidos de que las cosas van a ir mejor en los próximos años, pero las encuestas del Inegi muestran claramente que no es la mayoría.

Por más respaldo ciudadano que haya, si quienes toman las decisiones de inversión no dan el respaldo con el bolsillo, la meta del 4 por ciento de crecimiento será una mera aspiración.