El INE se lleva un alto

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Lo único serio que trascendió de los dos debates del INE fue la idea de Meade de subir el tema del arranque de la amnistía de AMLO a secuestradores, regalando una senaduría a la comandanta Nestora, jefa de una banda paramilitar que secuestraba campesinos en Guerrero.

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Tanto que ayer el INE admitió haber pasado por alto que la comandanta es estadounidense, por lo que Meade sigue sacando réditos del posdebate, 10 días después del encuentro entre los cuatro candidatos en Tijuana.

“El INE sólo revisó los papeles que entregó Nestora Salgado: su acta de nacimiento mexicana, su credencial para votar con fotografía. El INE no revisa los requisitos negativos, eso ocurre sólo si se presenta una queja, lo cual no ocurrió en el caso de ella”, explicó el consejero Benito Nacif.

No es algo que haya escapado sólo al INE. La verdad es que la comandanta engañó a todo mundo con el asunto de su nacionalidad estadounidense, a la cual apeló 18 meses después de que fue detenida por secuestro, y cuando únicamente ese movimiento legal la salvaba de la cárcel.

Al mostrar su pasaporte de Estados Unidos, la comandanta recibió la libertad porque las autoridades que la detuvieron infringieron la legislación internacional, que las obligaba a avisar al consulado estadounidense que habían detenido a una ciudadana americana. Quedó libre por violación al “debido proceso”.

Según la recomendación 9/2016 de la CNDH, la próxima senadora plurinominal de Morena fue declarada “legalmente detenida” el 22 de agosto de 2013 por una juez penal de Guerrero, y el 27 se le dictó auto de formal prisión en el Cefereso 4 “Noroeste”, en Tepic, Nayarit.

Como en su documentación ante el INE, la comandanta dijo que era originaria de Olinalá y que “no pertenecía a ninguna etnia”, igual que al ingresar a la Torre Médica del Penal de Tepepan, en la CDMX. Aseguró ser “mexicana, de estado civil casada, 41 años de edad, que nació el día 28 de febrero de 1972”.

Incluso, en los datos que proporcionó para su ficha de presa en la capital dio como domicilio la dirección de su casa en Olinalá y dijo que practicaba la religión católica. Detalló que vivía en la calle Comonfort número 30, El Paraíso. Barrio, C.P. 41999, Olinalá, Guerrero, México.

Fue hasta el 20 de agosto de 2015, después de perder varias apelaciones, que recordó tener pasaporte estadounidense y demostró que México nunca avisó a su país que una ciudadana suya estaba presa aquí: fin de la historia. Como la secuestradora francesa Florence Cassez, quedó libre sin ser inocente.

La gran pregunta ahora es: ¿en cuáles situaciones esta senadora “mexicana” se acordará de que es “estadounidense”?

Respuesta fácil: siempre que le haga falta.