El presidente electo y la mala educación

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El gobierno de López Obrador encontrará un panorama desolador en materia educativa: en el más reciente informe PISA, el examen internacional más reconocido, nuestros niños no aprobaron un solo examen de ciencias, de lectura ni de matemáticas.

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Este resultado confirmó la urgencia de que México implementase la reforma educativa aprobada durante la actual administración, con la idea de establecer las bases para el Servicio Profesional de Carrera Docente y acabar con las plazas vitalicias y hereditarias, entre otros vicios.

Sin embargo, uno los primeros anuncios del ganador de las pasadas elecciones presidenciales ha sido la sustitución de la reforma educativa por una nueva ley que saldrá de una consulta entre maestros, padres de familia, autoridades y sindicatos.

Una decisión que a quienes primero hará daño es a nuestros niños, pues sus maestros no tendrán que ajustarse a los planteamientos de la reforma educativa, tan claros y patentes, como, para empezar, que los profesores sean evaluados para que saber si están capacitados para enseñar.

Aunque no solo eso indica la reforma educativa que será derogada. También incluye:

1.- Enviar al Congreso una iniciativa para reformar el Artículo Tercero Constitucional y la Reforma a la Ley General de Educación, que ya establece las bases para el Servicio Profesional de Carrera Docente.

2.- Cambiar las actuales reglas para que quien aspira a ingresar, permanecer y ascender como maestro, director o supervisor, lo haga con base en trabajo y méritos.

3.- Poner a votación si puede regresar el antiguo sistema plazas vitalicias y hereditarias en el Sistema Educativo Nacional: un botín que controló de 1989 a 2012 Elba Esther Gordillo, en la condición que tuvo como presidenta vitalicia del SNTE.

4.- Eliminar el Sistema Nacional de Evaluación Educativa que, después de la reforma educativa, empezó a identificar de manera objetiva e imparcial, las necesidades de mejora de maestros, directores, supervisores, escuelas y autoridades.

Pero nadie debe llamarse a engaño: el fin de la reforma educativa sería una concesión a sus principales detractores: la propia Gordillo, reciente aliada política de Morena; y la CNTE, adversaria de Gordillo, pero también aliada de Morena.

Gordillo está presa desde 2012 por desviar dos mil millones de dólares de dos cuentas del SNTE, mientras en el país solamente 64 por ciento de los niños terminaba la primaria, 51 por ciento la secundaria y 27 por ciento el bachillerato.

Además, los ya ex dirigentes de la CNTE Rubén Núñez y Francisco Villalobos estuvieron presos por lavado de 24 millones de pesos y robo y tentativa de homicidio, en tanto otros cuatro integrantes siguen encarcelados por secuestrar y torturar a dos niños.

Y mientras, nuestros niños no aprueban un solo examen de ciencias, de lectura ni de matemáticas.

¡Chapeau!