La Ley de la Manada

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En la política, como en todo en la vida, aplica la ley de la manada, que prescribe que los iguales se juntan. Es así, como los individuos buscan otros, semejantes a ellos, para asociarse y tratar de llevar a cabo sus fines.

Lo hemos dicho muchos. Lo hemos visto varios: López Obrador es un tipo muy limitado, su preparación académica e intelectual es muy mediocre.

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Individuos de semejante naturaleza, están llenos de traumas y complejos. No soportan la posibilidad de que alguien pueda opacarlos. No toleran pensar que alguien demuestre más y mejores capacidades y pueda hacerles sombra.

Por eso, de conformidad con la ley de la manada, tienden a rodearse de individuos iguales o peores a ellos; y consecuentemente, los resultados que ofrecen, son deplorables, desastrosos.

Para comprobar el aserto anterior, basta con echar un vistazo al gabinete lopezobradorista y podrá constatarse que el equipo que rodea al presidente, es en el mejor de los casos (y eso, siendo generoso), tendiendo de mediocre a francamente malo.

Pero otra consecuencia de las limitaciones intelectuales y de personalidad que aquejan a individuos que concentran grandes niveles de poder, si no tienen la preparación y la personalidad adecuada para detentar tales capacidades, es su proclividad al elogio. Su debilidad ante el halago y los adjetivos otorgados con liberalidad de millonario.

Por eso los gobernantes con ribetes autoritarios tienden a propiciar la existencia de una prensa oficialista: para tener medios de comunicación dóciles y domesticados, que digan justamente lo que quieren oír.

Porque cuando la prensa y los medios en vez de vertir loas, dispensan críticas a tutiplén, se vuelven incómodos y desagradables para la opinión y el criterio del autócrata en turno.

Tal parece que los tiranuelos y caciquillos tipo López Obrador tienen muy poca tolerancia a la frustración y para ellos, las alabanzas son la única posibilidad consecuente a su quehacer. No soportan la verdad, no toleran la crítica y por tanto, no admiten que se les lleve la contraria.

Para ellos, la capacidad de un individuo es proporcional al nivel de su abyección, que lo lleve a ponerse de rodillas y arrastrarse ante sus plantas. Para individuos acomplejados, la sumisión y el servilismo son valores inapreciables y cualidades indispensables para poder ascender en la escala jerárquica.

Explíquese pues, como han llegado al gabinete, individuos de la calaña de un Jiménez Espriú, de un Taibo, de un Villamil, de un Durazo, de un Bartlett, de un Romo. O como han logrado incidir en los afectos del hombre de la Chontalpa, gente como Sheibaum, Yeidckol, Jesusa Rodríguez o el Mijis. Puras joyas para engalanar el tesoro de la cuarta transformación.

Explíquese pues, con las razones antes expuestas, porque el país y la economía nacional se han desplomado en picada, como consecuencia de las limitaciones y nulas capacidades de los integrantes del gabinete y demás equipo de colaboradores, cuyas únicas habilidades son las orales.

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Pero el panorama se agrava más drásticamente aún, si aunamos a lo anterior, el servilismo de los gobernadores, pese a ser emanados de otros partidos, incapaces de asumir posturas de integridad y sinceridad frente a los disparates presidenciales.

De manera tal, que para que un gobernador goce de la estima y consideraciones presidenciales y aún más, sea digno de los elogios del primer mandatario, debe ser un individuo pusilánime, abyecto y poseedor de una lengua capaz de provocar grandes placeres al jefe del ejecutivo. Un ejemplo de ello, es Mauricio Vila Dosal, gobernador de Yucatán, que ha merecido los mayores elogios, a pesar de tratarse de alguien que pasa más tiempo de viaje en el extranjero, que atendiendo los problemas de su entidad.

No nos extrañe pues, con semejante presidente y semejantes colaboradores, lo desastroso de los resultados y de las expectativas que aguardan a nuestra patria. Las malas decisiones, dan malos resultados y los mexicanos deberemos pagar (y con altos intereses) las consecuencias de haber elegido un tipo tan notoriamente incapaz e inepto como López Obrador, para llevar el timón de la nación. Ojalá y México sea capaz de despertar del letargo, antes que sea tarde y ya estemos en pleno desastre.

Dios, Patria y Libertad