LA RAZÓN NOS CONDUCE A LA VERDAD

-Publicidad-
La constitución política de los Estados Unidos Mexicanos consigna en su artículo séptimo que es inviolable la libertad de escribir y publicar sobre cualquier materia, por lo que ninguna ley o autoridad pueden establecer censura previa, ni exigir fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta (a estas alturas del partido, yo le llamaría mas bien de prensa), que no tiene mas límites que el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública.
Al respecto, podemos opinar que cuanto eclosiona de nuestra pluma, puede o no ser susceptible de agradar o no, a nuestro prójimo, pero eso escapa de nuestra capacidad y control como periodistas, lo esencial es decir y hacer lo que en honor a la verdad pensamos, plantearlo de manera asertiva y con ánimo constructivo, buscando siempre el bien común y la estabilidad social.
Es por todos conocidos que son sumamente escasos los medios de información del tipo que sean, llámense impresos o electrónicos, que permiten a sus colaboradores, expresar sus opiniones y puntos de vista con entera libertad y sin presiones de ninguna índole.
Lo anterior, debido a lo que por desgracia todos los mexicanos sabemos: que la mayoría de los periodistas carecen casi por completo de ética profesional y de compromisos afectivos, poseyendo en cambio únicamente intereses (inconfesables las mas de las ocasiones).
De esta manera, podemos advertir con facilidad los sectarismos vigentes en la prensa, tendientes a descalificar toda acción o criterio que discrepe de los que postulen sus directores o propietarios.
Lo planteado con antelación no alude la filosofía política que fundamenta la corriente de opinión representada por el medio de que se trate, que puede ser de derecha, izquierda o de centro, siendo todas las vertientes posibles dignas de respeto, sino se refiere a los intereses creados que por conveniencia se opta por defender y eso sí, no es saludable bajo ningún concepto.
Es precisamente debido a que los diferentes medios de información o los corporativos en que se agrupan, representan intereses aliados o anexos a los de sus poseedores, que los trabajadores que en ellos prestan sus servicios (principalmente reporteros, editorialistas, editores y caricaturistas) reciben indicaciones exactas de la postura política que deberán asumir (la famosa y malhadada línea) que lo único que provoca es el fenómeno mediático de la desinformación y la distorsión noticiosa de los diversos acontecimientos que se suscitan.
Motivado precisamente por el posicionamiento ideológico del medio en el que desempeñan su quehacer, es que se genera otro fenómeno muy propio del periodismo nacional conocido como el embute, que no es otra cosa sino una suerte de chantaje ejercido por los malos periodistas (no teman, no daré nombres aunque me se muchísimos) a diferentes personajes de la vida informativa, para dirigir las opiniones hacia un determinado sentido o simplemente para enaltecer o denigrar a voluntad una imagen pública (aquí es menester mencionar que entre nosotros los mexicanos es mas temida la llamada muerte social o civil, que la terminación misma de la existencia física, por mucho que presumamos ser muy machos y que la parca nos pela los dientes).
No es posible pasar por alto que en diversos momentos y pasajes de nuestra historia nacional, los periodistas han jugado (para bien o para mal) papeles protagónicos o preponderantes y han podido contribuir de una u otra forma al triunfo o la caída de determinados regímenes políticos.
En semejante orden de ideas, tampoco podemos soslayar que los periodistas han sido objeto de actitudes represivas de parte del aparato gubernamental, que la picaresca popular plasmó magistralmente en expresiones como: destierro, encierro o entierro y otras de jaez similar.
Muchos periodistas por ende, han perdido su empleo y sido perseguidos, golpeados, encarcelados y asesinados inclusive, por la fidelidad demostrada al cumplimiento de su deber de informar la realidad de los sucesos y merced a la integridad y el apego demostrado a sus ideales de respeto a la libre expresión de las ideas y hacia la pluralidad y la autenticidad del acontecer cotidiano.
El devenir nacional nos ha puesto de manifiesto la abigarrada tipicidad de periodistas existentes, desde un valiente Héctor Félix, pasando por un coherente Armando Ayala, un íntegro Eduardo Menéndez, un plural Rudy Lavalle, un incluyente Rodrigo Menéndez, hasta oportunistas y perjuros como Carlos Loret de Mola, resentidos como su hijo Rafael Loret hasta llegar a otros, francamente venales y corruptos, cuyos nombre no vale la pena mencionar, pues esta no es una apología de la traición, las claudicaciones y la defensa de los intereses bastardos (el lector medianamente avezado ya sabe, por supuesto a quienes me refiero).
Lamentablemente ninguna publicación esta libre de la presencia de semejantes alimañas en sus filas (y lo peor es que dicho tipo de sabandijas también tiene un público que los sigue).
Es obligación de todo periodista expresarse con propiedad y corrección y no pasar jamás por alto su obligación de constituirse en referente y epítome del lenguaje social. Un buen periodista no debe por ende, demeritar la trascendencia de su labor, utilizando expresiones populacheras o soeces, que denigren la magnitud de su tarea.
En épocas como las actuales, de efervescencia política, el respeto a la ética periodística, el culto a la integridad y el acatamiento a la verdad, revisten ribetes de cuestiones torales para el mantenimiento de la paz y el equilibrio sociales, tan caros siempre para nuestro país.
Los periodistas tenemos el compromiso irrestricto de respetar la vida privada y la moral pública en el ejercicio de nuestras funciones, es lamentable e indignante percatarse de multiplicidad de trasgresiones a esta elemental norma de civilidad y decoro.
Concluyendo, en caso de cualesquier planteamiento u opinión vertido en el ámbito de los medios de comunicación masiva que agravie o dañe a alguien en particular, es primordial y de gente bien nacida, posibilitar el derecho de réplica, dando al adversario la oportunidad de expresar sus puntos de vista.
Ojalá en el transcurrir de las actividades proselitistas, candidatos, medios de comunicación y periodistas, demostremos madurez, mesura y caballerosidad. No perdamos nunca de vista, que una cosa es tener libertad para hacer del dominio público nuestros planteamientos personales y otra muy diferente, incurrir en los excesos y abusos característicos del libertinaje y la anarquía mediáticos.
Dios, Patria y Libertad