LA VENGANZA EN LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

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Siempre que acontece un cambio de régimen hay ajustes de cuentas; y es que hay que asumir que el ejercicio del poder trae consigo rencores, envidias, anhelo de dinero en influencia y con ello, todas las consecuencias consustanciales a dichas circunstancias.
La cuarta transformación es un movimiento político que se caracteriza por el afán revanchista y la cantidad de rencores que suscita en lo social y en lo político.
Andrés Manuel López Obrador es de primera instancia quien ha dado el botón de muestra, al tachar a sus adversarios con toda clase de epítetos y denostarlos con total impunidad, al amparo de su puesto, haciendo gala para ello de las facultades metaconstitucionales y supralegales que su cargo le concede.
En similar orden de ideas, es preciso admitir que el caso de Rosario Robles, es paradigmático, toda vez que su actividad en lo público y en lo privado, pusieron en evidencia, no sólo al régimen lopezobradorista, en esa época a cargo del gobierno de la capital, sino a un par de destacados colaboradores suyos: Rene Bejarano y Dolores Padierna, que como consecuencia de la actuación de Robles Berlanga, fueron exhibidos públicamente con corruptos, ambiciosos y oportunistas.
No es de extrañar pues, que el rencor infectara las almas y los corazones de Bejarano y su consorte, jurasen venganza y se agazaparan a la espera del momento propicio para la revancha.
Y el momento llegó con el cambio de régimen y con las expectativas que la alternancia partidista despierta en el ánimo de la ciudadanía, ansiosa siempre de ver en la picota a figuras reverenciadas, que han caído en desgracia.
De tal suerte, con la connivencia, tácita o explícita del primer mandatario, Bejarano y Padierna, disponiendo de todos los mecanismos supralegales a su alcance, por medio de un sobrino al que previamente colocaron como juez, han conseguido hacer víctima de su revancha, a la ex Secretaria de Desarrollo Social y al que fuera su amante, detenido recientemente en Argentina, su país natal.
Los villamelones, manipulados por una cargada mediática, se han apresurado a conjeturar que se trata de un plan orquestado de lucha contra la corrupción, preguntándose quien es el siguiente: si el ex presidente Peña, el ex candidato Meade o que otra figura.
La verdad es que no es así: ni es una estrategia contra la corrupción, ni tampoco se trata de llevar a prisión a destacados ex funcionarios del régimen anterior. Lisa y llenamente es un vulgar ajuste de cuentas, una simple venganza particular, realizada al amparo del poder.
Así que si la chairiza espera ver a alguno de los personajes aludidos con antelación en chirona, de modo posterior a la pareja enemiga del matrimonio Bejarano-Padierna, pierdan las esperanzas de una vez por todas, porque no va a pasar nada semejante.
El régimen de la cuarta transformación es la misma porquería que hubo anteriormente y peor, porque lleva a suponer a las clases más bajas de la sociedad que conseguirá reivindicar sus agravios. Pero subrayamos, eso no pasará, porque López Obrador ya acordó y negoció la impunidad con quien debía hacerlo y ya obtuvo lo que buscaba.
Todo lo que pueda decirse o suponerse al respecto, son cuentos de pescadores, que solamente los ingenuos y la gente poco pensante, como los partidarios de la cuarta transformación, son susceptibles de creer, porque la gente con un átomo de sentido común, no puede tragarse, por ser contrario a todo buen sentido. Aunque es de todos sabido que si algo no es el fuerte de López Obrador y su régimen, es el raciocinio. Bien decía el divo de Juárez, muy a propósito: lo que se ve, no se juzga…
Dios, Patria y Libertad