LAS TORPEZAS DE RICARDO ANAYA

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En el primer círculo de Ricardo Anaya y entre quienes construyeron su candidatura presidencial crece la preocupación.

Y no, no sólo están preocupados por un eventual proceso penal en contra del panista. No, la principal preocupación es el “desmoronamiento” del propio Anaya.

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Y es que son muchos los que ya tienen miedo de que Anaya siga hablando, sea en entrevistas o en conferencias de prensa, ya que cada ocasión que abre la boca suma nuevas contradicciones y abre nuevos flancos que lo debilitan aún más. Y el pánico es tal que incluso ya le prohibieron las conferencias de prensa. Lo quieren calladito, porque se ve más bonito.

Y el mejor ejemplo de que Anaya parece “chivo en cristalería”, es la declaración que le dio en Fórmula a Ciro Gómez Leyva. Dijo, palabras más palabras menos,  que le temen y que lo persiguen porque él sí va contra los corruptos del actual gobierno.

Luego, en abono a sus promesas mediáticas de que perseguirá a los corruptos del gobierno de Peña Nieto y al propio presidente,  prometió una fiscalía autónoma e independiente.

A los pocos minutos de que Anaya había ofrecido la anterior declaración, comenzó la paliza en redes sociales. ¿Por qué?

Porque el sentido común dice que si Ricardo Anaya gana la presidencia y si arranca su gestión con una fiscalía autónoma,  entonces no podrá cumplir su promesa de perseguir a los corruptos del gobierno de Peña y menos al entonces expresidente.

¿Y por qué no podrá cumplir su promesa?

Porque, cómo queda claro, si la fiscalía Especializada es verdaderamente autónoma, nunca actuará a contentillo del supuesto presidente Anaya. Actuará si existen actos de corrupción, de lo contrario no hará nada.

La contradicción y la mentira son flagrantes.

Pero no es todo. Hasta hoy nadie del equipo cercano a Ricardo Anaya ha sido capaz del más elemental “control de daños” por el escandaloso plagio de la presentación de Ricardo Anaya como candidato presidencial. ¿De qué estamos hablando?

Como recuerdan Anaya sorprendió a propios y extraños con una suerte de “conferencia magistral” ofrecida con motivo de su presentación como candidato presidencial.

Semanas después aparecieron evidencias de que la “conferencia magistral” no había sido más que un conjunto de plagios a distintos conferencistas, con la intención de hacer ver y parecer a Ricardo Anaya como un estadista.

Lo cierto es que luego del escándalo terminó convertido no en un estadista sino en un vulgar mentiroso.

Y ya en el extremo del descrédito, de las pocas plumas que salieron en defensa de Anaya se encuentra la articulista Denise Dresser, quien defendió el plagio de Anaya.

Lo ridículo es que la señora Dresser es, a su vez, una de las campeonas en el plagio, desde sus tiempos universitarios.

Así las torpezas de Ricardo Anaya. ¿Será que sus leales lo dejaron solo?

Al Tiempo.