LO QUE SOBREVIVIRÁ CON LA APROBACIÓN DEL PAQUETE ECONÓMICO

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Los mexicanos viviremos sin lugar a dudas una semana muy intensa, toda vez que tenemos en agenda lo relativo a la ley de ingresos y el presupuesto de ingresos de la Federación.

El asunto reviste capital importancia porque implica saber de dónde tomará dinero el gobierno federal para cumplir todos sus compromisos y promesas de campaña, toda vez que prometió no endeudarse y no aumentar impuestos.

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Empero, desde el sábado los mexicanos amanecimos con la noticia de que aumentaba el IEPS en la gasolina, situación que en cascada provocará aumento en los precios del combustible y de otros productos.

La otra vertiente interesante del capítulo económico es saber en qué va a gastar dinero la administración en turno: cuánto dinero va a destinarse a programas sociales y saber si se mantienen o modifican las reglas de operación y funcionamiento de todos ellos.

También sabremos al discutirse el capítulo económico, cuánto va a destinarse a cada proyecto emblemático de esta administración: cuánto al aeropuerto, cuánto al tren maya y cuánto a la refinería.

A partir de conocer los montos destinados a cada proyecto y a partir de saber el presupuesto invertido en cada uno de ellos podremos conocer la proporción costo-beneficio de manera individualizada.

Ignoramos si a base de recortes y sin aumentar impuestos, ni contratar deuda interna o externa, podrán mantenerse los programas sociales, sin provocar un cataclismo en las finanzas, pues es bien sabido que el dinero que se envía con este destino es prácticamente imposible de recuperar y que genere alguna clase de beneficio.

Deberán los legisladores hacer gala de oficio político y patriotismo para anteponer los grandes intereses nacionales, a los que de manera natural aparecen para favorecer de manera particular a ciertos grupos, en cada episodio donde se configurauna lucha de facciones o partidos.

Deberá el gobierno priorizar y aprender a distinguir entre lo urgente y lo importante. Lamentablemente los cuadros encargados de esta tarea en la Secretaría de Hacienda se miran inexpertos y bisoños en extremo y debemos no perder de vista que su participación es la que inyecta certidumbre y confianza a los mercados y a los inversionistas, y es por ende la que hace diferencia entre la estabilidad y la crisis.

No se caracterizan los gobiernos populistas, como es el caso del que encabeza López Obrador, por su sensatez, ni por su prudencia. No les interesa generar bienestar, ni progreso; su objetivo es regalar dinero para generar clientelas, pero todos sabemos que eso no es redituable para el país.

Aprestémonos pues, a presenciar y a conocer en breve una serie de barbaridades y despropósitos que se traducirán, más temprano que tarde, en una crisis económica que será el principio del fin del régimen de la cuarta transformación.

Mas temprano que tarde, la terca realidad de la economía nacional conseguirá lo que ninguna fuerza política de oposición se avizora sea capaz de conseguir en breve: desgastar y derribar el régimen demencial de Andrés Manuel López Obrador.

La medicina es amarga, pero deberemos echar mano de ella y consumirla en su totalidad. Es preciso que ocurra antes que el daño sea irremediable.

Dios, Patria y Libertad