Los muertos

-Publicidad-

No son los muertos de López Obrador, como tampoco fueron antes de Peña Nieto o de Calderón. Son nuestros muertos, son los muertos de los mexicanos.

Fue muy fácil en el pasado hablar de los muertos de Calderón o de Peña Nieto. No eran los muertos por ajustes de cuentas o los inocentes asesinados por criminales, ni siquiera los que caían en acciones de la Policía Federal o del Ejército. En el perverso juego de la política, los muertos se convertían en propaganda. Eran los muertos de Calderón, los muertos de Peña Nieto, como si los presidentes salieran a disparar contra los ciudadanos. ¿Y hoy qué podemos decir? ¿Son los muertos de Andrés Manuel? ¿Los 13 de Minatitlán, incluyendo a un niño de un año? ¿Los 7 mil 244 de los tres primeros meses de este año, el primer trimestre más violento desde que tenemos registros sistemáticos?

-Publicidad-

Supongo que para muchos es simple justicia cargarle a López Obrador los muertos del sexenio, como en el pasado él y sus seguidores lo hicieron con sus predecesores. Pero no es justicia para los muertos. Ni para los de ayer, ni para los de hoy, ni para los de mañana.

Súbitamente ha surgido de la cuarta transformación una voz sensata que pide poner fin a la perversa manipulación política de los muertos. Alfonso Durazo, secretario de seguridad, señala en Twitter: “En este desafío debemos trascender diferencias democráticas legítimas e impulsar un espacio para coincidencias sin regateos de todos los poderes y niveles de gobierno del Estado mexicano”.

Te puede interesar | Cártel Jalisco Nueva Generación podría estar detrás de la masacre en Minatitlán

 Palabras conciliadoras, palabras de estadista frente a la confrontación entre el Gobernador morenista de Veracruz, Cuitláhuac García, y el fiscal general heredado del gobierno anterior, Jorge Winkler.

No contó el secretario, sin embargo con el mensaje agresivo de su propio jefe, Andrés Manuel López Obrador: “Callaron como momias cuando saqueaban y pisoteaban los derechos humanos y ahora gritan como pregoneros que es inconstitucional hacer justicia y desterrar la corrupción. No cabe duda de que la única doctrina de los conservadores es la hipocresía. Son como sepulcros blanqueados”. No son las palabras de un conciliador, de alguien que quiere ser presidente de todos los mexicanos. ¿Para qué hablar de los “sepulcros blanqueados” en estos tiempos de extrema violencia?

Pero no son los muertos de López Obrador, como no fueron antes de Peña Nieto ni de Calderón. Son las víctimas una política fallida. La guerra contra las drogas debe parar. Pero de nada sirve decretar el fin de la guerra si se mantienen las políticas que la han provocado: la prohibición y la impunidad.

Quizá la Guardia Nacional, aprobada en el Congreso de manera unánime, sea un primer paso para una solución. Todos lo quisiéramos, aunque la solución sea adoptar una militarización de la policía que Morena rechazaba cuando estaba en la oposición. Habrá que mantener también, sin embargo, un sano grado de escepticismo. Este nuevo cuerpo de policía tal vez no sea la panacea que afirma el presidente. Esperemos que el número de muertos empiece a bajar. Hay que evaluar avances y retrocesos. Lo que no se mide, sabemos, no se puede mejorar.

El mejor camino es tener a un país unido. Debemos trascender las diferencias, descalificaciones e insultos. Al final los muertos no son de López Obrador, de Peña Nieto o de Calderón. Son de todos los mexicanos.

TAMBIÉN EN CDMX

Rosario Fabián, la empleada del Sistema de Aguas de la Ciudad de México secuestrada el 25 de marzo y cuyo hijo de 5 años fue abandonado en el periférico, fue encontrada muerta en Tlalpan. En los tres primeros meses de 2019 hubo 380 homicidios dolosos en la Ciudad de México, 21.4% más que los 313 del mismo periodo de 2018. Sí, también en la capital.