MEDIO SIGLO DESDE WOODSTOCK, ¿QUÉ LE PASÓ AL ESPÍRITU DE PAZ Y AMOR?

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“Para mí, lo mejor de estar conectado con Woodstock es que la mayoría de nuestra banda todavía está aquí para hablar sobre eso. Estamos vivos y vibrantes. Sobre todo, seguimos defendiendo las mismas cosas que Woodstock representaba: la revolución de la conciencia cubierta de paz, amor y música. La audiencia estaba llena de personas que tenían una profunda intención para hacer que el cambio sucediera”,  Carlos Santana

No fue el primero, tampoco el más grande; sin embargo el Festival de Woodstock, celebrado hace cincuenta años en una granja lechera en Bethel Woods el sur de Nueva York, marcó un antes y un después en la historia de este planeta. Durante tres días, músicos de todas los géneros subieron a un escenario para tocar ante casi medio millón de jóvenes unidos por el mismo lema: “amor y paz” y una gran ilusión de cambiar al mundo, para beneficio de todos. 

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Evidentemente, la mayoría de nosotros no asistimos o recordamos a Woodstock. Sin embargo, es un evento conocido por su trascendencia. Como ahora, eran tiempos convulsos. El hombre había logrado llegar a la luna, pero no había podido alcanzar la paz en la tierra. Los jóvenes protestaban en contra la guerra de Vietnam. Pocos días días antes del icónico Festival, Charles Manson y sus seguidores entraron a casa de la actriz Sharon Tate, embarazada de ocho meses y la asesinaron junto con los presentes.

En términos de organización Woodstock dejó mucho que desear. Estaba planeado para 180 mil personas pero llegaron cerca de 500 mil. No había sanitarios y escaseaban la comida y el agua. La lluvia intermitente provocó un lodazal y no había pantallas, por lo que los que se encontraban atrás no podían ver lo que sucedía en el escenario. Estos elementos que podrían haber sido el detonador de un desastre en otro evento, forman parte de esa magia que rodea a Woodstock. Tres días de música, amor libre y drogas, que además de haber quedado plasmado en la memoria de los asistentes, han sido inmortalizados en libros, películas y un documental ganador de un Óscar. 

Medio siglo después, si bien han habido grandes avances tecnológicos, seguimos viviendo en tiempos convulsos, aunque las razones sean diferentes. Males que pensábamos superados, como el racismo, han vuelto a mostrar su rostro. Las crisis migratorias están presentes en todas partes. De acuerdo con el ACNUR, cada minuto veinte personas se ven obligadas a huir como consecuencia de un conflicto o de una persecución. No hemos podido combatir la pobreza. Datos de la Organización Mundial de la Salud muestran que 844 millones de personas no tienen un servicio básico de suministro de agua potable. Casos de violencia, corrupción están presentes todos los días en la mayoría de los diarios planeta. ¡Qué lejos se ven esos días de Woodstock donde se buscaba una revolución a base de amor y paz! 

Quizá no todo está perdido. A la par de las noticias desalentadoras, hay vestigios de esperanza. El tiroteo de hace un par de semanas en El Paso, Texas, resume muchos de los males de nuestra época: violencia, miedo, racismo, discurso de odio e irracionalidad. Una de las víctimas fue Margie Reckard, esposa de Antonio Basco. Al no tener más familia, el Sr. Basco invitó a toda la comunidad de El Paso a asistir al funeral de su esposa para no despedirla solo. La respuesta fue apabullante. La capilla en donde se había planeado originalmente era insuficiente así que buscaron un lugar más grande. Sin conocerlo, hubo quien se sintió tan conmovido que tomó un avión desde el San Francisco o Los Ángeles, para abrazar a un desconocido. Muchos se organizaron para asistir desde otros estados.

Quienes no pudieron asistir mandaron tarjetas y más de mil arreglos de flores. Antonio no despidió a su esposa solo. Cientos de personas se reunieron para acompañarlo. Afuera de la capilla, una larga de fila de personas esperaba para entrar y expresar sus condolencias. De acuerdo con US News: “Los mariachis caminaron entre la multitud cantando Amor Eterno, la balada de 1984 del fallecido Juan Gabriel, que se ha convertido en un himno para El Paso luego del tiroteo. Algunos asistentes cantaron. Otros sollozaron y se salieron de la línea”.

Esa larga fila de personas que no conocían a Antonio ni a Margie, es un testimonio de la capacidad que todavía tiene el ser humano para sentir amor, empatía y nos da, como Woodstock en su momento, la esperanza de que podemos construir un mundo mejor.  Quizá el espíritu de Woodstock no esté del todo perdido. 

“Woodstock es un testimonio de lo que las personas pueden hacer cuando están en su mejor momento y dispuestas a trabajar juntas en amor y cooperación”. Julia Fell, curadora asistente en el Museo de Bethel Woods.

Recomiendo leer en Twitter los hilos sobre el funeral de Margie de @DavidBegnaud https://twitter.com/DavidBegnaud/status/1162429421606903809  y https://twitter.com/DavidBegnaud/status/1162392612466253824 o de @dcbigjohn https://twitter.com/dcbigjohn/status/1162528948359581697?s=20

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