PARA EL PRI SOLO QUEDA RENOVARSE O MORIR

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Se aproxima la fecha dispuesta para la renovación de la dirigencia del Partido Revolucionario Institucional y esta situación, en el momento que el país y el partido viven, da mucho de que hablar.

Es un hecho que el pueblo mexicano le dio las espaldas al tricolor en los pasados comicios. No puede negarse que en nuestra patria, muy buena parte de la población considera que priismo o ser priista, es casi sinónimo de ser corrupto.

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Cabe entonces preguntarse si es así. Si acaso el otrora invencible ha llegado al fin de su vida útil. Si el partido, tan defenestrado por tantos, volverá a tener una oportunidad de volver a encaramarse en la cima del poder político y sobre todo, si la sociedad mexicana, será capaz de olvidar; y volver a otorgarle su confianza.

No podemos dejar de apuntar, que a pesar de todas las críticas vertidas en su contra, el PRI brindó estabilidad y crecimiento sostenido para México y lo principal a destacar, sería que llegado el momento, entendió que la alternancia en el poder era inevitable y transitó hacia ese sentido, de manera pacífica. Otros países en el mundo y en latinoamerica no pueden presumir lo mismo.

Al PRI tradicionalmente la oposición lo acusó de malas mañas en el ámbito electoral, pero también hay que reconocer que fue capaz de acotarse a sí mismo y ceder a la inevitable ciudadanización de los órganos electorales, que llegado el momento, ha concedido legitimidad a sus triunfos.

Tampoco puede regatearse reconocimiento a la postura moderada del tricolor, situada justo al centro del espectro político, entre el fanatismo de una derecha, carente de sensibilidad social en muchas ocasiones y la postura radical y extrema de una izquierda rencorosa y populista.

Entre ambos extremos, el priismo se constituyó en el justo medio y en la alternativa viable para posibilitar la gobernabilidad, la continuidad de la democracia y la posibilidad de seguir viviendo en un régimen de libertades.

Porque al PRI puede acusársele de muchas cosas, menos de ser un régimen represor y asesino. Por supuesto, ningún gobierno está exento de incluir algún desequilibrado, deseoso de portarse como dictador, pero esto debe admitirse que constituyó excepción y no regla en el ADN priista.

Tras el desastre electoral del mes de julio pasado, mucha gente se pregunta si el tricolor será capaz de levantarse del revés y volver al poder y muchos más aún, lo consideran condenado de manera inexorable a la desaparición.

Quienes así lo hacen, desconocen a todas luces el carácter y el temperamento del priismo, que hasta la presente fecha, ha sido capaz de evolucionar y sobreponerse a los escenarios más adversos. Solo que hay que apuntar, que en el caso de los últimos comicios, el jalón de orejas y la llamada de atención fueron sumamente severos.

El PRI debe ser capaz de entender que los mexicanos le exigen renovarse y adaptar a la modernidad democrática sus métodos. El PRI debe ser capaz de entender que el país le ha mostrado de manera drástica, que es preciso evolucionar de la etapa caudillista a la institucional y transitar sin dilaciones a la ciudadanización del partido.

Porque debe señalarse, que la gran deuda del priismo con los mexicanos, fue incorporar a la ciudadanía a la gobernación. El PRI trató de gobernar por sí solo, incorporando a lo más a sus aliados y en el pecado llevó la penitencia, porque se olvidó de los mexicanos y sus aspiraciones. Esto no debe volver a suceder.

El PRI debe aceptar que hoy día le toca ser oposición. El PRI debe ser capaz de entender la trascendencia de su papel en la oposición, para garantizar la viabilidad de la democracia en México y el mantenimiento de la paz social, apoyando todo aquello que sea benéfico para el país y rechazando y oponiéndose a todo aquello que signifique agravio o menoscabo para los mexicanos, sus valores, tradiciones, costumbres y creencias.

En esta ocasión, vivimos un escenario inédito para el priismo: dos peninsulares aspiran a la presidencia nacional, ambos con buenas posibilidades de triunfar: Ivonne Ortega Pacheco de Yucatán y Alejandro Moreno Cárdenas de Campeche. Lo anterior, constituye a no dudar, timbre de orgullo para la militancia regional del tricolor.

Ivonne y Alejandro constituyen la alternativa reformista, la opción renovadora que propone el priismo del sureste de nuestro país, a los estamentos tradicionales y anquilosados. Valdrá la pena que los priistas de todo el territorio nacional se den el tiempo necesario para considerar y analizar sus propuestas.

Ambos son jóvenes, pero ya tienen experiencia en el ejercicio del poder. Ivonne ya fue gobernadora y Secretaria general del tricolor, Alejandro es gobernador constitucional en ejercicio y un activo protagonista de la política nacional. Quizá fuera deseable que pudieran ponerse de acuerdo y presentar un frente común, que signifique una postura digna de considerarse relevante, a las inercias y acartonamientos imperantes. Esto apenas empieza y todavía hay mucho que ver.

La carta que representa la posibilidad de éxito del tricolor, pese a lo que muchos consideran, es su gran talante negociador, su perenne disposición al acuerdo. La constante capacidad de adaptación del priismo nacional y su invariable disposición para evolucionar a nuevas prácticas políticas, representan una esperanza valedera para todos los seguidores del tricolor en el territorio nacional de que su partido será capaz de encontrar la fórmula precisa para sobrevivir en un horizonte político cada vez más competido.

Es innegable que en el escenario de la política en nuestro país, ahora más que nunca, el PRI representa un papel determinante para seguir siendo libres. Ojalá el priismo lo entienda y sepa estar a la altura de su responsabilidad histórica.

Ojalá que el PRI y los priistas entiendan que para ellos solo quedan dos alternativas: renovarse o morir. El PRI debe entender que no puede fallarle a México, que le va la vida en ello…

Dios, Patria y Libertad