¡PINCHE PRENSA VENDIDA…!

0
3881
-Publicidad-

El miércoles último, el presidente fue despectivo con la prensa, los medios y los periodistas, en general, como no había ocurrido en el último medio siglo con presidente alguno.

López Obrador se enojó porque el diario Reforma reveló que la titular de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, no cumplió con transparentar una propiedad de su familia, localizada en Houston, Texas.

-Publicidad-

Al explicar lo ocurrido, Obrador dijo que “la derecha” y “la prensa fifí” habían exhibido la irregularidad pero que su gobierno no oculta nada y que él –el presidente–, confiaba plenamente en sus colaboradores.

El escándalo no sólo provocó una nueva crisis en el gobierno sino que destapó la cloaca de una guerra intramuros del gabinete de Obrador.

Y, es que en medio de esa guerra, los responsables de la  comunicación oficial exhibieron no sólo tres versiones distintas de un mismo hecho –que con un poco de oficio se pudo resolver sin contratiempo–, sino que la epidemia de la estupidez alcanza a todo el gobierno de AMLO.

Sin embargo, la cara virtuosa del escándalo es que, de nuevo, aparecieron la intolerancia presidencial a la crítica y el desprecio hacia libertades, derechos y obligaciones del Estado.

¿A qué nos referimos?

A libertades como la de expresión, al derecho a la información pública y, sobre todo, a la obligación del Estado a transparentar su desempeño.

Tal desprecio a los medios no había ocurrido en los últimos seis gobiernos –los De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña–, pero curiosamente reaparece con un supuesto gobierno de izquierda, que se muestra más intolerable a la prensa que los peores gobiernos del PRI. Por eso vale recordar que entre los últimos presidentes intolerantes con la prensa y los medios están los populistas Luis Echeverría y José López Portillo, los dos verdadera epítome del actual gobierno de AMLO.

El primero, como saben, orquestó el golpe al diario Excélsior de Julio Scherer García. Curiosamente, el hijo del fundador del semanario Proceso, Julio Scherer Ibarra, es hoy cercano e influyente colaborador del presidente Obrador, el mismo presidente que sataniza a la prensa, a medios y periodistas.

Es decir, Julio Scherer Ibarra es cercano colaborador del presidente que –igual que ocurrió con su padre–, sataniza a la prensa, a medios y periodistas. ¡Ver para creer!

El segundo presidente déspota con la prensa y con los medios también se apellida López  –Portillo–, y acuñó la joya del autoritarismo presidencial mexicano: “¡…no les pago para que me peguen!”, gritó a manera de censura a sus críticos.

¿Cual es hoy la interpretación del “no les pago para que me peguen”, acuñada por Jolopo? ¡Bingo…!

En efecto, la versión moderna del despotismo presidencial hacia los medios, del último de los “López” –Obrador–, es el reclamo a “la derecha” y a “la prensa fifí” por hacer su trabajo; exhibir omisiones y complicidades oficiales.

Pero existe una diferencia abismal entre el despotismo de Echeverría y López Portillo con el despotismo de Obrador. ¿Qué diferencia?

Que el gobierno de AMLO cuenta con “las benditas redes”. O acaso se debiera decir “con los benditos bots”. ¿Por qué?

Porque por casualidad, a un guiño de desagrado presidencial con un diario, un medio o un periodista; a una descalificación o señalamiento como el de “prensa fifí”, se activan miles de cuentas en redes que apalean al diario, al medio o al periodista que cuestionaron a la divinidad presidencial.

Una reportera que interrogó con severidad al presidente fue insultada, difamada y calumniada en redes; al diario Reforma le mandaron todo el peso de las bendiciones digitales, igual que a quienes a diario cuestionamos fallas, errores y horrores del nuevo gobierno.

Y frente a tal intolerancia presidencial, una mayoría mediática guarda silencio. Olvidan lo obvio; que “los carniceros de hoy serán las reses de mañana”.

Al tiempo.

EN EL CAMINO.

Por eso, desde aquí nuestra solidaridad con Reforma y con todos los medios y periodistas perseguidos por AMLO, por su gobierno y sus bots, que todo lo resumen en el mítico “¡pinche prensa vendida!”