¡POR ÉSTAS RAZONES NO LE CREO, PRESIDENTE!

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Seguramente el presidente ya entendió que cada vez son menos los ciudadanos que le creen cuando dice –en todos los tonos y en todos los foros–, que no buscará la reelección al final de su mandato.

Por eso, en la “mañanera” del jueves 25 de julio de 2019 –aquí la fecha es fundamental–, Obrador firmó ante Notario Publico la promesa de no reelección, luego que desapareció su promesa inicial, también firmada.

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Es decir, que al mejor estilo de los engañosos concursos televisivos, el presidente mexicano debió acudir a la certeza notarial para que los mexicanos otorguen crédito a sus palabras, promesas y convicciones.

Sin embargo, sigue la duda. ¿Por qué el presidente debió acudir al recurso extremo del Notario Público?

Proponemos tres respuestas, sobre todo, porque antes de la firma al propio presidente parece que lo traicionó el subconsciente.  

1.- Porque “los hombres del presidente”, y el mandatario mismo, saben que la palabra de Obrador está en un nivel peligroso de devaluación. Es decir, a ocho meses de gobierno, salvo los fanáticos lopistas, pocos creen las promesas presidenciales.

2.- Porque en el fondo, el mensaje de la no reelección va dirigido a mercados y circuitos financieros globales que –supone el presidente–, creerán en la vigencia democrática mexicana sólo por la intervención de un fedatario, lo cual resulta de risa loca, sobre todo si recordamos que segundos antes de la firma, Obrador dijo textual: “me voy cuando la gente quiera”.

3.- Porque, en el fondo, el recurso de la firma ante Notario es la moneda de cambio para comprar tiempo. Es decir, se trata de una suerte de bálsamo “engañabobos” en tanto el presidente Obrador prepara “el tinglado” para una espectacular reelección, aclamada por el “pueblo bueno”.

Pero el asunto va más allá de la palabra empeñada por el presidente ante un fedatario público.

Lo cierto es que la promesa presidencial choca de manera frontal con la realidad; otra vez la terca realidad desmiente al mandatario.

¿La realidad desmiente al presidente? Van los ejemplos:

I.- Si él no aspira a la reelección, ¿entonces por qué razón Obrador se empeña en crear una red clientelar que alcanza más del 60 por ciento de los potenciales votantes? ¿A quién le hace el trabajo si no va por la reelección? 

II.- Si López Obrador no aspira a la reelección, ¿entonces por qué usar dinero público para crear una red estatal de Internet, al mejor estilo de tiranías como las de Cuba, Venezuela, Rusia y China, que buscan el control de las clientelas electorales?

III.- Si no busca reelegirse, ¿entonces por qué y para qué desde la casa presidencial se ordenaron ensayos reeleccionistas como los de Chiapas con el gobernador-senador Velasco, y en Baja California, con la “Ley Bonilla”, que ya está tocada de muerte?

Pero hay más de la terca realidad que, todos los días, colocan a Obrador en el lado oscuro de la honestidad; en la mentira sin freno.

¿Por qué debemos creer en la promesa-firma del presidente ante un Notario, si mintió en todas o casi todas sus promesas de campaña?

Mintió al prometer que bajaría la violencia y el crimen, mintió en la promesa de que bajaría el costo de la energía eléctrica y de las gasolinas, mintió en el trato digno que daría al presidente Trump, mintió al cancelar las guarderías, mintió sobre el impulso a la cultura.

Mintió sobre la creación de empleo, mintió sobre la no cancelación del aeropuerto, mintió sobre el fin de nepotismo, mintió sobre el fin de un gobierno de “cuotas y cuates”; fue una mentira que no habría gobierno rico y pueblo pobre y mintió con el eslogan de “primero los pobres”.  

¿Por qué creer que el presidente Obrador respetará una firma ante un notario si no respeta la Constitución, si no respetó la firma de México ante los inversores del NAIM, ante las empresas canadienses constructoras del gasoducto; por qué creerle si todos los días violenta la Constitución?

La promesa de la no reelección presidencial, firmada por Obrador ante un fedatario público, no es más que un llamado a misa; un engaño que justificará sin problemas con una consulta mentirosa a mano alzada, igual a la usada para tirar el NAIM.

Por todas esas razones muchos no le creen, presidente.

Al tiempo.