Sí, es un mesías

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Durante muchos años analistas, intelectuales y hasta malquerientes de Andrés Manuel López Obrador se refirieron al tabasqueño como un político “mesiánico”, capaz de creer que su misión era “salvar a México”.

Uno de los primeros en comparar la lucha política de López Obrador, con un postulado mesiánico, fue Enrique Krauze, quien tituló uno de sus más exitosos artículos en 2006 como “El mesías tropical”.

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En el otro extremo, en el de seguidores, fanáticos, admiradores y quienes le rinden culto a López Obrador, resultaba una ofensa mayor, si no es que una agresión, llamarle “mesías” al tabasqueño.

El tiempo y la potente corrosión del poder han confirmado que, en efecto, el electo López Obrador, será mucho más que un presidente, más que el jefe del Ejecutivo, más que el jefe de Estado y de Gobierno y más que un estadista…

López Obrador cree que es un mesías.

¿Lo dudan?

Hace unas horas, a propósito de la conferencia de prensa al término de la reunión con gobernadores de los estados por donde pasará el Tren Maya, Obrador dijo: “ya no me pertenezco, estoy al servicio de la nación”.

¿Quién, con una formación democrática y la información de un estadista, puede hacer tal declaración? La respuesta se produjo muy pronto y no gustó a los lopistas.

En redes sociales apareció el contexto que coloca en su justa proporción lo dicho por López Obrador. El usuario de Twitter @Arouet_V recordó que el 13 de febrero de 2009 Hugo Chávez dijo casi lo mismo que AMLO: “yo no soy Chávez, yo no me pertenezco, yo le pertenezco al pueblo de Venezuela”. ¿Qué tal?

 

Una comparación elemental de lo dicho por Hugo Chávez y López Obrador confirma –en los dos casos–, una identidad mesiánica, propia de los tiranos, los dictadores y los emperadores.

Lo preocupante del caso, sin embargo, es que a pesar de que se apilan las evidencias de que López Obrador se cree con una superioridad moral, política, ética y con facultades casi divinas, –cualidades que derriba la terquedad de los hechos–, pocos analistas, intelectuales y críticos se atreven a alertar del riesgo que significa el poder total –como el que le dio a Morena y a su presidente la elección del pasado 1 de julio–, en una democracia casi niña como la mexicana.

Pocos se atreven a cuestionar a un político que cuando miente les dice mentirosos a sus interlocutores; que les llama corruptos y camarilla rapaz a los sectores empresariales y financieros, cuando él y su familia han sido incapaces de justificar sus gastos elementales; que tira una obra emblemática como el NAIM con argumentos mentirosos que pocos creen, sobre todo porque entrega la obra de Santa Lucía a la nueva mafia del poder, la de Riobóo y Espriú.

López Obrador se asume como mesiánico y salvador de la patria; se colocó en un pedestal por encima de los mortales y de la política. ¿Qué falta? ¿Qué debe ocurrir para que reaccione una sociedad como la mexicana?

Al Tiempo.