Violencia de Acapulco, ¿parte de su atractivo?

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A pesar de que en los días de Semana Santa, Acapulco registró 39 ejecuciones; en esa misma temporada, la ocupación hotelera llegó al 92 por ciento.

Es decir, que pese a la violencia; las familias, los individuos, los extranjeros y hasta los mochileros continúan viajando a Acapulco.

Frente a esta situación, la pregunta obligada sería, ¿qué pasa en Acapulco? ¿por qué la gente visita el puerto a pesar de la actividad criminal?

En entrevista para La Otra Opinión, Erick del Santiago –presidente de la organización Habla bien de Acá–, trató de explicar el fenómeno. Según el empresario:

Uno. La violencia de Acapulco se concentra en la periferia y no en la zona turística.

Dos. La violencia afecta a los grupos criminales y no a quienes se mantienen ajenos a los delincuentes.

Y tres. A estas alturas, los ciudadanos de Acapulco parecen acostumbrados a los hechos violentos. Incluso hay quien dice que la actividad de las bandas criminales sería parte del atractivo de Acapulco.

Al respecto, el Doctor Francisco Rivas –director general del Observatorio Nacional Ciudadano–, explicó que Guerrero arrastra una historia que no se debe ignorar.

En aquella entidad, las fallas van desde una procuraduría omisa hasta errores en protocolos de búsqueda o una grave debilidad institucional.

Es así que, a la vista de todos, las autoridades han quedado rebasadas por los actos delictivos y sugerir que los habitantes están acostumbrados a la violencia es, en opinión de rivas, falaz y peligroso. ¿Por qué?

Porque esta afirmación confirmaría que los criminales son más poderosos que el Estado.

Porque en Acapulco –y en general, en Guerrero–, no sólo asesinan; también secuestran, asaltan y extorsionan. Es decir, la descomposición es generalizada.

Y porque la violencia seguirá si la sociedad civil no se organiza y no construye un frente común en contra de los criminales.

Por todo lo anterior, la crisis de seguridad en Guerrero es mucho más grave de lo que algunos quieren reconocer. O si lo prefiere, que no basta con decir que algunos se acostumbraron o que otros lo ven como un atractivo. En realidad, se trata de una bomba de tiempo que debe desactivarse a la brevedad.