MANOTAZO A KRAUZE: “¡ESCUCHEN TODOS…!”

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El 9 de mayo de 2018 lo dijimos porque lo habíamos vivido en carne propia. Aún así, muchos se negaron a creerlo.

En el texto de despedida de Milenio, escribimos: “En el fondo, los que linchan a Ricardo Alemán le avisan a todos los mexicanos lo que será el trato con los críticos en un gobierno de Morena; el que se atreva a disentir de AMLO será linchado”.

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Hoy la difamación, la calumnia y la persecución subieron de tono y de objetivo, como parte de los mensajes de miedo que todas las mañanas lanza a diestra y siniestra el presidente Obrador.

Hoy los sabuesos del “lopismo” en el poder linchan a Enrique Krauze, acaso uno de los más reputados intelectuales mexicanos y quien, por cierto, se sumó al linchamiento en nuestra contra, igual que muchos otros periodistas e intelectuales que hace 10 meses no creyeron que Obrador fuera capaz de un manotazo vengativo al estilo de Díaz Ordaz, Echeverría o López Portillo.

¿Un manotazo desde el poder contra Krauze?

Sí, por increíble que parezca. Y es que desde hace meses quedó claro que el presidente persigue a cada uno de los críticos de su gobierno; críticos a los que no sólo calumnia y difama sino que intenta su destrucción.

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Y los métodos para esa destrucción son variopintos pero siempre a partir de la difamación, la calumnia y la persecución; como ocurrió en nuestro caso, como le ocurrió a Reforma y ahora le ocurre a Enrique Krauze.

Y luego del linchamiento, todo el peso del Estado se vuelca para cerrar la puerta a todos los ingresos posibles de los críticos. Y si nada de eso surte efecto, el presidente muestra en todo lo alto el garrote de la persecución fiscal.

En nuestro caso –como recuerdan–, un puñado de fascistas de La Jornada inventó una supuesta conjura “para matar al candidato presidencial”, a partir del empleo de dos palabras en redes sociales; “¡Les hablan!”.

Resultó de risa loca la manera en que a través de sus granjas de bots en redes, la difamación contra Ricardo Alemán se convirtió en tendencia mundial durante dos días completos.

Luego vino “el apretón de tuercas”. Las empresas periodísticas fueron advertidas y amenazadas por el poder presidencial: “Se meterán en problemas si contratan a Ricardo Alemán”. Muchos se doblaron y aún hoy otros tienen miedo. La amenaza es cerrar la llave del dinero, sea público o privado.

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Curiosamente, al responder sobre la calumnia y la persecución contra Krauze, el presidente Obrador nos regaló una versión moderna –y de cuerpo completo–, del “¡no les pago para que me peguen!”, de Jolopo.

Dijo que en su gobierno se acabaron “los intelectuales orgánicos” y que no pagará a esos intelectuales. El mensaje está claro; o se alinean o no hay patrocinios.

Por lo pronto el presidente le avisó a las empresas de Krauze que no habrá un peso de dinero público. Pero el verdadero mensaje es para todos los medios; en el gobierno de AMLO no hay lugar para la crítica.

Otra modalidad de persecución se utilizó contra el diario Reforma, convertido recientemente en severo crítico del gobierno. A Reforma se le persigue “porque piensa distinto, como la derecha”, según AMLO.

En ese caso el método empleado fue más drástico; sin más aviso, el presidente lanzó al SAT contra los dueños de Reforma, a los que mandó llamar en un claro amedrentamiento fiscal. En un primer momento Reforma no se amedrentó y luego de denunciar la persecución siguió con su crítica.

La persecución contra Enrique Krauze, como ya se dijo, lleva el sello de la casa. Fue detonada por el preferido del presidente, Santiago Nieto, quien en su doble papel de “Fiscal Anti lavado” y “Fiscal Electoral”, descubrió un supuesto complot electoral contra el entonces candidato Obrador, orquestado dizque por Krauze y empresarios enemigos del tabasqueño.

Luego, salió de la “chistera de cuentos” llamada “Aristegui Producciones”, un supuesto complotista que aceptó haber sido contratado por periodistas vinculados a Krauze dizque para acabar con el entonces candidato Obrador. De risa loca.

Y resultó de tal ridiculez el montaje contra Krauze –y de tal vulgaridad la andanada de las jaurías lanzadas contra el historiador–, que sólo basta decir que del supuesto complot de Krauze contra AMLO, detonado por el infamante libro de Tatiana Clouthier, no existe una sola prueba.

Pero ni falta qué hacer; para las granjas de “bots lopistas” no importa la verdad, sino que es suficiente la voz de ataque, para destruir a sus víctimas.

Antes de ayer fue Ricardo Alemán, ayer fue el diario Reforma y hoy es Enrique Krauze. ¿Quién sigue?

Vale preguntar porque el manotazo presidencial es claro y se escucha fuerte: “¡Escucha Krauze, para que entiendan todos; o se alinean o serán linchados!”

Al tiempo.